Como veis, la cabecera descansa sobre un zócalo de hileras irregulares y sillares de diferentes tamaños. El aparejo utilizado en los muros de los tres ábsides es algo más uniforme y todavía son visibles los mechinales o agujeros en los que se aseguraba el andamiaje utilizado para su construcción.

El edificio fue restaurado el siglo pasado, en la década de los 70 y, con todo, las intervenciones no desvirtuaron el carácter de la cabecera. Algunos de los sillares fueron sustituidos y se consolidaron la mayor parte de sus muros, pero lo que ahora observamos no dista mucho de la imagen que en su día ofreció el templo.