No siempre se puede dar la circunstancia, pero el mejor momento para visitar San Andrés es el amanecer de un día soleado. El ocre intenso de los sillares contrasta con el fondo azul del cielo y el verde de los bosques lejanos. Si, además, lo hacéis en temporada baja, la soledad la tendréis garantizada y, seguramente, demoraréis la visita un rato largo pues el lugar invita a ello.

En la imagen superior, los enlaces de cada número nos permiten apreciar con más detalle el modo en que trabajaron los maestros canteros. Fijaos en que los salmeres de cada arcuación (enlaces 2 y 7) son individuales y que las lesenas alternan piedras individuales con otras dobles en posición vertical. La ventana aspillerada (enlace 8) presenta derrame tanto al interior como al exterior y ha sido cegada con alabastro.
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