El 17 de septiembre de 1984 Jesús Ávila Granados publicaba en La Vanguardia un artículo en el que se alertaba del ruinoso estado de esta pequeña joya del románico catalán y se abogaba por una inmediata intervención en el recinto medieval de Oïsme. Por suerte, las obras se efectuaron antes de que el campanario y la torre del castillo se vinieran abajo.
La restauración fue minuciosa y fiel al edificio original. El campanario vio cómo las columnas de sus ventanas geminadas eran restituidas y la torre, en la que se habían abierto grandes grietas, recuperó todos los bloques de piedra que se habían desprendido. Se habilitó, además, una escalera de hierro para poder acceder al piso superior y obtener, de este modo, inmejorables vistas de todo el conjunto.
Los muros de la pequeña iglesia, en los que crecía la vegetación, se consolidaron y los arcos de las ventanas fueron rehechos. Si el aspecto que hoy en día ofrece Sant Bartomeu no es exacto al original, se le aproxima mucho. |