rs: ant artí (interior/2)

Pocas veces se tiene la oportunidad de visitar un campanario románico desde dentro y cuando se te ofrece no hay que poner reparos al inconveniente de aventurarse por una empinada escalera de caracol que exigirá algún esfuerzo adicional por nuestra parte. El campanario de Sant Martí, en cualquier caso, tiene dos bazas a su favor: la escalera, no muy larga, está en buen estado y las vistas del Valle de Sant Joan que se contemplan desde las ventanas son impagables.

No podemos evitarlo, pero al subir tenemos la sensación de que uno se aleja de lo cotidiano y la atmósfera adquiere ciertos visos de irrealidad. Para confirmarlo, las ventanas nos ofrecen breves pero intensas pinceladas de ese otro mundo. El paisaje se ensancha, el silencio se ahonda. Seguiríamos allí anclados para siempre pero algo nos empuja de nuevo hacia tierra, suponemos que algún que otro mal entendido sentido común o del deber. Sin saber cómo, abandonamos el recinto y continuamos ruta. En el atrio nos espera Jaume, que nos invita a visitar su celler, otro recinto repleto de sorpresas.