La calle central del ábside se nos hace visible a través de la densa vegetación que rodea la parte oriental de la iglesia de San Clemente (foto 9, enlace 1). El aparejo con que se compuso no es uniforme: la ventana apoya sobre hiladas de sillarejo que llegan hasta la altura del alféizar; el resto son sillares. Seis canecillos sostienen la cornisa del tramo central: el primero representa un saltimbanqui con máscara y disfraz (enlaces 2/3); le siguen una máscara con cuernos u orejas puntiagudas (enlaces 4/5), un león mostrando sus fauces (enlaces 6/7), una liebre (enlaces 8/9), una hoja con los extremos avolutados y con bola en el centro (enlace 10), y una cabeza de cabra (enlaces 11/12). En el capitel de la columna adosada se cincelaron dos grupos de hojas planas superpuestas que se doblan hacia adentro en sus extremos (enlace 13).
La ventana es idéntica a la del presbiterio (enlace 14), excepto en la decoración de los capiteles. Los dos arcos son de baquetón el interior, y de media caña el exterior, y se protegen con una chambrana ajedrezada que descansa sobre los cimacios, también ajedrezados. La imposta es una prolongación de los cimacios (enlace 15). Los fustes de las columnas son monolíticos (enlaces 16/18) y los capiteles se decoran con una bola con ancha caperuza, que ocupa gran parte de la cesta, y pequeños botones y formas geométricas inscritas (enlaces 17/19). Las basas de las columnas adosadas se componen de plinto, lengüeta, toro y escocia (enlace 20). |