En la construcción de la iglesia destaca el paramento de sillería bien escuadrada, al igual que el trabajo minucioso de los canteros en la puerta principal y en los canecillos que sostienen la cornisa de la nave, del presbiterio y del ábside. El muro de la nave tiene una longitud de catorce metros y el techo es a dos aguas. En su lado meridional (fotos 1/2) se añadió una sacristía en el siglo XVII-XVIII. Según parece, la galería a la que se accedía a través de dos puertas y que recorre el muro sur de oeste a este debía de ser la pared de una de las alas del claustro del antiguo monasterio (foto 6). En el muro se abrían tres aspilleras, una de las cuales se convirtió en una ventana cuadrada.
La sacristía ocupa parte del muro sur de la nave y del ábside, por lo que la ventana absidal izquierda desapareció, abriéndose en su lugar una ventana rectangular (foto 3).

La entrada principal se encuentra en la pared occidental, accediéndose a ella a través de la apertura inferior del lado norte de la torre, que fue construida a posteriori (foto 5). El muro norte no presenta añadidos y, como ya se mencionó en la página anterior, conserva tres largas aspilleras. La torre se erige sobre el pórtico de la galería; es de estructura cuadrada con tres cuerpos. En cada lado del cuerpo superior se abren dos troneras de arco de medio punto.
En una nave adjunta a la iglesia (fotos 8/9), se conservan dieciocho sarcófagos. Algunos de ellos pudieran ser del siglo XI y otros llevan fechas de los siglos XII y XIII. Muchos están muy deteriorados ya que se encontraban a la intemperie hasta fecha no muy lejana. Procedían del claustro adjunto al antiguo monasterio de San Andrés, concretamente de una de sus capillas: la de San Bartolomé.