Pasemos al interior, al que siempre podréis acceder pues la puerta, por lo menos en el momento de nuestra visita, no ha sido cerrada con llave. Salvo algunos pequeños objetos sobre el altar para la liturgia, el interior ha sido despojado de cualquier objeto de valor o retablo que impida, como suele ser frecuente, la visión completa de sus muros con lo que la iglesia románica se nos ofrece a la vista casi como debió de ser en sus comienzos.

Con todo, algunas de las intervenciones posteriores a la época románica rompen esa unidad de estilo: la puerta adintelada que da acceso a la sacristía, que ocupa la base de la torre; la pila de agua bendita y la nueva techumbre de madera a dos aguas. Salvo lo anterior, el resto sería originario (fotos 2 a 6). El panel que veis apoyado en el suelo de la nave (foto 2) es una reproducción de las pinturas góticas que adornaban los muros. En la actualidad se encuentran expuestas en el Museo Diocesano de Jaca.
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