La absidiola meridional (foto 9) es la única que nos queda del templo original y presenta la articulación arquetípica del románico lombardo: bajo el alero se colocan las series de arquillos ciegos que apoyan sobre ménsulas, separadas por dos lesenas. Una cornisa ajedrezada corre a lo largo de todo el tambor (enlaces 2/3/6). Dos ventanas de doble derrame (enlaces 4/7) permiten el paso de la luz hacia el interior.
Son, precisamente, las ventanas, el elemento de mayor interés de toda la cabecera. Las de esta absidiola son las más sencillas en cuanto a su decoración. Se rematan ambas mediante dos arcos de medio punto (foto 9, enlaces 5/8) practicados en bloques monolíticos que se adornan con motivos geométricos. Como podéis observar, los sillares son de diferente tamaño, aunque las hiladas mantienen la horizontalidad.