No es sencillo llegar hasta Huidobro. La carretera que desde Pesadas de Burgos nos conduce hasta Gredilla de Sedano, la BU-5032, apenas tiene amplitud para un solo vehículo y el acceso a la Hoya de Huidobro se realiza por un desvío de aquella tras un prolongado descenso por las laderas boscosas de la Peña Otero, donde los generadores eólicos emiten un eterno runrún que se amplifica en el valle. La primera impresión no puede ser más descorazonadora: no queda villa, la iglesia está medio en ruinas (foto 1) y, si llueve, como fue el caso, el lodo no invita a salir del coche para aproximarse hasta la bella edificación románica.

Pero sería un error no hacerlo, porque San Clemente, a pesar de su estado, es una construcción como pocas, en la que trabajó un taller si no de primer rango, al menos con maestros que demuestran una gran habilidad. El emplazamiento, por otro lado, es otro de los alicientes (fotos 2/3): en medio de la hondonada, pero sobre un cerro desde el que, como un director de orquesta, domina todo el escenario. Se accede por su fachada meridional (fotos 4/5), y a fuer de ser sinceros, se agradece la bienvenida del perro que nos acompañará durante toda la visita.
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