Pasado el arco descrito en la página anterior, accedemos a la parte genuinamente románica del edificio. La describiremos en el sentido de las agujas del reloj empezando por la absidiola izquierda del pseudo-crucero (foto 9), siguiendo con el tramo recto del presbiterio norte (foto 10) y terminando, en esta página, con una imagen general del tramo semicircular del ábside (foto 11).
La absidiola norte (foto 9) se abre al pseudo-crucero por medio de un arco doblado ligeramente apuntado que apoya en columnas entregas con capiteles esculpidos. El de la izquierda (enlace 1) llena su cesta con dos filas de bolas con caperuza; en el de la derecha, un personaje en cuclillas (enlaces 3/4/5) sujeta con dos grandes argollas grapadas en sus hocicos dos reses de largos y finos cuernos. En el muro interior de la capilla, junto a este último capitel (enlaces 2/6) se encuentra un bajorrelieve en el que se talló la figura de un ángel sedente, hoy decapitado.
El ábside (foto 11) es la zona más trabajada de la iglesia. Consta de dos cuerpos, ocupados ambos por arquerías ciegas, y se cubre con bóveda de horno. La incorporación de arquerías ciegas en el tramo semicircular del ábside es muy frecuente en el románico de Cantabria y la veremos también en Castañeda, Silió, Cervatos y San Martín de Elines. A pesar de ser tan asiduo su uso en el románico de estas tierras, su origen se remontaría a la época paleocristiana y las encontramos también en edificaciones mozárabes (Santo Tomás de las Ollas, Ponferrada) o del arte asturiano (San Salvador de Priesca, San Julián de los Prados). |