Se llega a la iglesia por sus lados norte y de poniente (fotos 1/2). A primera vista el visitante queda algo decepcionado ya que, salvo por la portada abierta en el hastial occidental, nada de lo que se ve remite al estilo románico. El muro norte se ha modificado varias veces y ha perdido una cornisa original que casi con toda seguridad se sostenía por una serie de canecillos iconográficos. La actual, al igual que la espadaña que corona la fachada oeste (foto 2), es de los siglos XVI-XVII.
Todo cambia (fotos 3/4/5) cuando pasamos a la zona absidal y a la fachada de mediodía. El ábside es uno de los más interesantes del románico de Cantabria, obra sin duda de un taller con excelentes maestros canteros, y la portada meridional, aunque sencilla en su ornamentación, no deja de tener cierta monumentalidad. De hecho, es de unas dimensiones que no se avienen con los pocos restos que han llegado hasta nosotros de lo que debió ser un monasterio más importante de lo que la documentación conservada permite suponer.
 |
 |
La portada principal o de mediodía (foto 4) se abre en cuerpo resaltado del muro meridional y no ocupa posición central sino ligeramente desplazada hacia poniente. Se compone de chambrana abilletada y cinco arquivoltas de medio punto que apoyan sobre cimacio corrido en bisel que se adorna con flores de seis, siete y ocho pétalos (enlace 1). Carece de capiteles, fustes y basas y en su escasa ornamentación de las arquivoltas recuerda a la de Castañeda. Bajo el alero de este cuerpo saliente se conservan ocho canecillos, algunos de ellos muy mal conservados. Entre todos os destacamos el segundo, con cuerpo de hombre (foto 4, enlaces 2/3); otra figura muy deteriorada (5) y dos canes con tejadillo a cuatro aguas (4/6).
La portada de poniente (foto 5) también es muy sencilla: se compone de chambrana y arco doblado ligeramente apuntado que apoyan sobre cimacios o impostas decoradas con distintos motivos. La del lado izquierdo, por ejemplo (enlace 1) con octopétalas inscritas en círculos y puntas de diamante.
 |
|