El acceso al interior de los templos románicos andorranos, salvo para aquellos que están siempre abiertos al culto, no es sencillo. Con todo, desde hace unos años las autoridades andorranas han promovido una excelente iniciativa, "Romànic de bat a bat", que permite durante los meses de julio y agosto visitar el interior de las iglesias románicas más interesantes, iglesias que, por otro lado, forman parte de una candidatura transnacional a Patrimonio de la Humanidad de la Unesco presentada por Andorra, Francia y España en la que se incluyen nueve iglesias andorranas, el castillo de Foix y la catedral de La Seu d'Urgell.
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Sant Romà (foto 1) es una de las incluidas en la iniciativa y en consecuencia, ahora os la podemos mostrar por dentro. Cuando entréis os llamará la atención que la roca del terreno, salvo en la zona del semicírculo absidal que se encuentra enlosada, actúa como suelo de la iglesia pero lo más probable es que no fuera así anteriormente y que algún relleno se debió de usar para nivelar la superficie. La nave (fotos 2 a 5) se cubre con bóveda de cañón con dos arcos torales que la dividen en tres tramos. El arco más cercano a la puerta apea sobre dos semicolumnas mientras que el más lejano sobre dos pilastras.

El ábside se cubre con bóveda de cuarto de esfera y, a pesar de sus reducidas dimensiones, permite la ubicación en su parte central de un altar de obra (foto 7) en cuya cara frontal se conservan in situ restos de las pinturas murales originales (enlace 1), hecho poco frecuente en el románico. La decoración consiste en dos registros: en el inferior se observan semicírculos con rosetas inscritas y en el superior, algo maltrecho, los círculos llevan inscrita una paloma con las alas desplegadas, ave sin duda de claras referencias eucarísticas.