La mayoría de las iglesias andorranas son construcciones hechas con materiales autóctonos (pizarra, granito, rocas calcáreas), y no es nada extraño que así sea ya que transportarlos desde lejos hubiese encarecido enormemente la empresa. Salirse en Andorra de las vías principales de comunicación obliga a superar enormes desniveles y, en consecuencia, cuando se emprendía la construcción de un templo se recurría a los materiales de que se disponía con mayor facilidad.
Sant Miquel d'Engolasters es un paradigma de lo que acabamos de apuntar. Se encuentra a 1500 metros de altitud, muy por encima del valle del Valira y, como toda iglesia rural, alejada de los núcleos más importantes de población, es de pequeñas dimensiones y en su construcción se utilizaron piedras de granito y esquisto. Su elemento más destacado es el campanario lombardo. En el interior se han reproducido las pinturas murales originales, hoy en día en el MNAC de Barcelona.
Haced clic sobre los iconos
